Ya no había nada que hacer
Sus ilusiones se habían esfumado de golpe y porrazo, ya ni siquiera estaba feliz por la gran noticia que traía, a pesar de ser una muy buena. Laura no podía evitar sentirse destrozada por dentro y ahora mismo no podía pensar en otra cosa que no fuera en la traición de su marido y de su hermana. Estaba hundida y cuando asimiló que lo que ponía en la carta era real, comenzó a llorar desconsoladamente.

Ya no había nada que hacer